viernes, 26 de agosto de 2016

La Odisea · Homero (s. VIII a.C.)

La Odisea es un poema épico griego compuesto por 24 cantos. Su autoría se atribuye a Homero, pero no está claro del todo, y se dice que se compuso en algún momento del siglo VIII a. C., pero tampoco está claro. Sea como fuere, a la grandeza trágica y épica de su predecesora, La Ilíada, La Odisea renueva temas, deja de centrarse en batallas y muertes heroicas, y deriva hacia la narración de viajes y aventuras. Sí, es el primer y más grande libro de viajes jamás escrito.

Hay tres escenarios bien distintos en La Odisea: el de la guerra de Troya (poema épico), el de las aventuras marinas narradas por el propio protagonista (libro de viajes), y el escenario de ambiente realista de Ítaca (novela realista). Tres en uno. Y cada uno de estos tres escenarios, cuento, épica y novela, encuentra sus respectivas facetas de Odiseo, que da unidad al relato: el guerrero iliádico, el aventurero marino y el rey que regresa a recobrar su hogar y a su mujer y vengarse de los pretendientes. 

La Odisea narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo (Ulises en latín) tras la Guerra de Troya. Ha estado diez años fuera luchando, y tardará otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, donde poseía el título de rey. Durante su ausencia, su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia.

La Odisea es el relato griego más influyente en toda la literatura occidental, desde la Grecia arcaica hasta nuestros días. Los ecos y los matices que pueden rescatarse de su lectura siguen siendo inagotables. Tal como dijo Borges, "La Odisea... cambia como el mar. Algo hay distinto cada vez que la abrimos...".

lunes, 7 de septiembre de 2015

Ilíada · Homero (s. VIII a.C.)

Piedra angular de la literatura occidental, la Ilíada de Homero, compuesta en el s. VIII a.C., es un poema épico que narra una leyenda micénica situada en el s. XIII a.C., una edad heróica dominada por los aspectos militares, el individualismo desenfrenado y la persecución de la riqueza y la gloria.

La acción se desarrolla durante 51 días, en el undécimo año de la guerra de Troya. Es una lectura apasionante sobre la cólera de Aquiles, hijo de mortal y diosa, y el más destacado de los combatientes griegos, en su afán de heroicidad y venganza por la muerte a manos de los troyanos de su amigo Patroclo.

Hay pasajes de mucha dureza, sangre y dolor. Otros de enorme ternura y tristeza, como los llantos de Aquiles por su "amigo" Patroclo, o mi pasaje favorito, la despedida entre Andrómaca y Héctor en el canto VI. Libros como la Ilíada cubren los grandes temas de los que ha bebido toda la literatura posterior: la muerte, la cobardía, la valentía, los héroes, los antihéroes, la guerra, el dolor, la vida... Es, en definitiva, el relato de la gran tragedia del hombre que afronta su destino y acaba pagando con su propia muerte su condición de héroe. Estos griegos lo inventaron todo... Y aunque sólo fuera por la Ilíada y la Odisea, ya les deberíamos condonar toda la deuda. He dicho.

domingo, 16 de noviembre de 2014

"Father And Son" · Cat Stevens

Esta es la historia de una canción. Una canción bellísima que habla de un desacuerdo generacional por el que todos hemos pasado (o no). Hablo de Father And Son, escrita por Cat Stevens e incluida en su álbum "Tea for the Tillerman" publicado en 1970.

La canción, de melodía suave y acústica, es un diálogo entre un padre y su hijo (fíjate en cómo el cantante usa dos tonos de voz, uno grave y otro agudo, respectivamente.) En ella, el padre explica al hijo lo que significa crecer, qué representa madurar, relativizar, el "take it easy" y el "mírame, soy viejo pero soy feliz". Y puedo imaginarme la cara del hijo, diciendo sí ya, pero no.

Originariamente, esta canción formaba parte de un proyecto musical llamado Revolussia (no hay que ser muy sagaz para saber de qué trataba...) En él, un chico quiere unirse a la revolución, ir al campo de batalla en contra de la voluntad del padre ("I have to go away"...). Este proyecto nunca vio la luz y la canción tomó un nuevo rumbo, sobre todo porque el público la pedía a gritos en sus actuaciones. Un año más tarde, Stevens decidió incluirla en la cara B del single Moonshadow.

En 1978, después de una experiencia cercana a la muerte por culpa de la tuberculosis y la mala vida, Stevens se convirtió al islam y abandonó la música (¿por qué, por qué, por qué?). Se cambió el nombre por el de Yusuf Islam y prohibió que sus canciones salieran en anuncios de la tele. No fue hasta el año 2007 en el que pudimos ver de nuevo a Stevens interpretando esta canción para el disco "Yusuf's Cafe Sessions" junto con una banda de acústicos. En el vídeo se ven unos primeros planos de su mujer y de su hija con su nieta en brazos. 

Padres e hijos es un viejo tema (también una novela de Iván Turguénev publicada en 1862). Uno sufre por los errores que comete como padre, pero he aprendido una cosa: los errores propios de no saber ser padres, son parte constituyente de una educación sana. ¿No crees?


domingo, 6 de abril de 2014

Gilgames, Rey de Uruk · Anónimo (s. XII a.n.e.)

Qué terrible ser un hombre normal y no querer reconocerlo. Qué desastrosas pueden ser las consecuencias de quien no acepta sus propias limitaciones... Aunque también hay que reconocer la grandeza y la osadía de quien lucha contra su propia naturaleza para alcanzar su no-destino. Gilgames, Rey de Uruk, es un gran ejemplo, y quizás también, el primero de todos en la tradición literaria occidental.

Gilgames es un hombre normal. Aunque "dos tercios Dios, un tercio hombre", y aunque rey de Uruk, es mortal. Y cuando ve la muerte en los ojos de su amado amigo Enkidu, se da cuenta de que su sed insaciable, la respuesta a todas sus preguntas, es escapar a la muerte. Por eso decide emprender un largo y peligroso viaje, huyendo de esa muerte y buscando la receta de la vida inmortal. Gilgames atraviesa unos escarpados montes guardados por hombres-escorpión, sigue la ruta nocturna del sol y cruza el mar de la Muerte, pero todo es inútil. Al final, todo vuelve alguna vez a su punto de partida: Uruk.

A Gilgames sólo le queda lo que antes ya tenía: su propia historia. Es sólo lo que ya era antes: un hombre normal enfrentado a su muerte. Enriquecido, eso sí, por la certeza de la inutilidad de su empresa; ésta es la gran enseñanza, la sabiduría de las cicatrices. Su destino no es más que el destino de todo hombre: hacer bien las cosas, protegerlas, pasárselo en grande, y luego morir. [Y aceptar que el hombre individuo es mortal y que lo único inmortal es la humanidad. Por contra, la humanidad es mediocre y la genialidad radica en lo particular. Viva lo mortal, viva la diferencia, el poder del matiz.]

sábado, 24 de agosto de 2013

Los tres monos sabios

Todos conocemos estos refranes: “En boca cerrada no entran moscas”, “A palabras necias, oídos sordos”, “Ojos que no ven, corazón que no siente”… No son más que un eco del código moral chino conocido como santai (del s. VIII) que promulga el uso restringido de los tres sentidos a lo que vale la pena. Mizaru, Kikazaru y Iwazaru (así se llaman los monos en japonés) nos dicen: “No veas (el mal), no escuches (el mal), no hables (el mal)”. A veces, también hay un cuarto mono, Shizaru que, de brazos cruzados, simboliza el principio de “No hagas (el mal)”. En fin, los monos nos dicen: d i s c e r n i m i e n t o, señores. Y sean buenos.
Aunque hay otras (varias) interpretaciones... De hecho, la comentada representa el significado para la élite intelectual china, pues para el pueblo chino, significaba (y significa, según Wikipedia) la rendición al sistema, la prudencia de no ver ni oír la injusticia, el mantente calladito.
La creencia china nada tenía que ver con los monos, pero debido a un juego de palabras (saru es mono en japonés), los simios salieron a escena. Estos tres monos sabios o san saru (三猿) se hicieron muy populares en Japón en el s. XII y desde hace casi 400 años están representados en una escultura de madera de Hidari Jingorō situada en el santuario de Toshogu al norte de Tokio (ver foto). Desde entonces forman parte de la cultura popular (cine, música, y hasta castillos de arena), y una de las poquísimas posesiones que mantuvo Gandhi en vida fue precisamente una pequeña escultura de estos tres monitos.

Y ahora dime tú. ¿De qué bando eres? ¿De los prudentes o de los que no quieren perderse nada? ¿No crees que si nos mantenemos a salvo de "lo malo", nos parapetamos dentro del huevo y en el "virgencita que me quede como estoy", no vamos a perdernos también lo bueno? Yo creo que quién no se arriesga vive la mitad, y que la felicidad es de los valientes.