domingo, 29 de noviembre de 2009

Papier d'Arménie

A finales del siglo XIX, en pleno apogeo del imperio otomano, un tal Auguste Ponsot viajó a Armenia. Allí descubrió que sus habitantes aromatizaban y desinfectaban sus casas quemando una resina natural llamada benjuí, y decidió compartir esta buena práctica con sus compatriotas franceses.

Su socio y farmacéutico, Henri Rivier, descubrió que disolviendo el benjuí en un 90% de alcohol, su olor persistía. Luego añadió diversos aromas a la solución hasta conseguir fórmulas únicas. Ya sólo les faltaba encontrar el medio: el papel secante absorbía la solución, conservaba el aroma original del benjuí y se combustía lentamente, sin llama.

El éxito no tardó en llegar, hasta que Papier d'Arménie se coronó en la Exposición Internacional de 1889. Para demostrar las cualidades saludables y casi mágicas del producto, llevaron a cabo un experimento que dejó atónitos a los visitantes: pusieron dos platos de carne cruda y junto a uno de ellos quemaron una tira de este "papel medicinal". La carne que había "inhalado" el aroma del papel seguía comestible al cabo de una semana; la otra no.

El benjuí es una sustancia apreciada por las notas dulces y de vainilla que emanan de su combustión, y en Oriente se usa desde hace siglos para el tratamiento del asma y de la tos, como digestivo, calmante, cicatrizante y antiséptico. Pero sus propiedades más conocidas son las espirituales, pues aleja energías negativas y malos pensamientos. Así se usa en Malasia durante las ceremonias inaugurales en el cultivo del arroz, y en la India hay la creencia de que su aroma es el aroma sagrado de la diosa Shiva.

Con una cuidada estética retro, un aroma inconfundible y un proceso de elaboración ecológico y basado en una fórmula "secreta" que se sigue fabricando en el mismo laboratorio parisino de Montrouge desde 1885, el Papier d'Arménie es todo un icono en la cultura francesa.

Burn them
The little papers
Rice paper
Armenian paper
Then one evening they
may
Corn paper
Make you warm
Paroles et Musique
Serge Gainsbourg, 1965

viernes, 27 de noviembre de 2009

Parad los relojes, desconectad los teléfonos

Bienvenidos a Supernova, un lugar donde cabe todo aquello que hace de nuestro mundo un lugar mejor. Objetos, libros, poemas, música, fotografías, curiosidades... Simples detalles, puras anécdotas que embellecen nuestro mundo tan desdibujado y loco.

Recordando el poema Funeral Blues de W. H. Auden, a veces tenemos que detener los relojes y desconectar el teléfono, aunque no para apagar las estrellas, sino para que brillen más que nunca.
Éste es un blog optimista (a pesar de que empiece con un poema sobre la muerte) basado en el convencimiento de que es en la constancia de los pequeños detalles donde se construyen las grandes cosas.

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He Is Dead,
Put crêpe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, My East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last for ever: I was wrong.

The stars are not wanted now: put out every one;
Pack up the moon and dismantle the sun;
Pour away the ocean and sweep up the wood.
For nothing now can ever come to any good.