viernes, 29 de enero de 2010

Pop-ups

Los pop-ups son libros desplegables, móviles, tridimensionales o libros animados. Parece ser que el primer pop-up de la historia es un manuscrito sobre astrología del año 1306, así que en su origen estaban destinados al público adulto y a disciplinas como la astronomía, el arte o la anatomía (las solapas abatibles permitían mostrar por capas el interior del cuerpo humano). Ha sido toda una sorpresa descubrir que el primer autor conocido que utilizó discos rotatorios o volvelles para ilustrar sus teorías fue, ni más ni menos, Ramon Llull.

A finales del siglo XVIII los pop-ups se destinaron al entretenimiento y al ocio, dirigiéndose claramente al público infantil. Y así fue también a lo largo del siglo XIX, la Edad de Oro del pop-up, gracias a artistas/editores ingleses y alemanes como Ernest Nister, Lothar Meggendorfer y Raphael Tuck, o editores como Dean & Son y McLoughlin Brothers, que fueron los primeros en producir libros móviles a gran escala. Tras el parón de la Primera Guerra Mundial, en 1930 retomaron la tradición Louis Giraud y su serie Bookano y la Blue Ribbon Publishing en Nueva York. En los años 40 destacó Julian Wehr y en los 50 y 60, el rey indiscutible fue Vojtěch Kubašta.

Desde los años 70 la tendencia vuelve a dar otro giro, pues los diseñadores han logrado tal perfección y complejidad de mecanismos que a su labor se la denomina «ingeniería del papel». Encontramos libros con efecto túnel o peep-shows, transformaciones (tirando de una pestaña la imagen se transforma), volvelles (construcciones giratorias usadas durante siglos en el entorno académico, para la creación de códigos secretos y para todo tipo de predicciones), flaps (solapas que se levantan), pull-tabs (pestañas que se estiran), pop-outs (imágenes emergentes), pull-downs (mecanismos de tiras que se estiran), etc. etc.

Gracias a Ron van der Meer, Robert Sabuda, Nick Bantock, Jan Pienkowski, David Pelham y Mark Hiner, entre otros, hoy los pop-ups son cosa seria. David A. Carter vendió más de cuatro millones de ejemplares de la serie Bugs in a Box. Del libro Star Wars: Una Guía Pop-Up de la Galaxia de Matthew Reinhart, el The New York Times dijo: «Llamar a esta sofisticada obra de ingeniería un ‘libro pop-up’ es como llamar a la Gran Muralla China un muro divisorio.»

Personalmente, los pop-ups me fascinan y desde hace unos años atesoro una pequeña colección. Mi última adquisición es el abecedario ABC3D de Marion Bataille (no os perdáis este vídeo) y la próxima va a ser Animus de Seonna Hong, y luego Popville y luego…

Estos libros son otra dimensión en el arte de contar historias, nunca tan bien dicho.

viernes, 22 de enero de 2010

Pangramas

Un pangrama o frase holoalfabética es un texto que usa todas las letras posibles del alfabeto de un idioma. Por lo general, los más llamativos son aquellos que usan el menor número de letras, sin embargo, los pangramas que son largos, extremadamente adornados, cómicos o excéntricos también resultan muy llamativos. Construir un pangrama que repita letras lo menos posible puede ser una tarea desafiante, y en la actualidad, se usan sobre todo para mostrar fuentes tipográficas.

El pangrama más conocido en español por usarse para ver las tipografías en Windows y Linux es: «El veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kiwi. La cigüeña tocaba el saxofón detrás del palenque de paja» (92 letras). Otro ejemplo es: «Jovencillo emponzoñado de whisky, ¡qué figurota exhibe!» (46 letras).

Hay ejemplos en todos los idiomas, polaco, ruso, japonés, lituano, italiano, francés... ¡incluso en esperanto y latín! Mirad este en catalán: «Jove xef, porti whisky amb quinze glaçons d'hidrogen, coi!». O el más conocido en inglés: «The quick brown fox jumps over the lazy dog.»

Si os gustan los juegos de palabras, podéis elaborar vuestro propio pangrama con ayuda de este pangramador.

[Ilustraciones vía Urikane]

sábado, 16 de enero de 2010

Alexander Girard

Junto con Charles y Ray Eames y George Nelson, Alexander «Sandro» Girard es uno de los representantes más influyentes del diseño americano de posguerra, y quizás de los menos conocidos. Nació en Nueva York, se crió en Florencia y se graduó en la Real Escuela de Arquitectura de Roma, pero siempre con la mirada puesta en el arte popular de Sudamérica, Asia y Europa del Este, fuente que inspiró toda su vasta y heterogénea producción. Su paleta de colores y estampados salpicaron y llenaron de humor y fantasía el diseño moderno, capturando la esencia latinoamericana a través de diseños frescos y contemporáneos aplicados a multitud de objetos artísticos. Desde su luna de miel a México en 1939 y a lo largo de toda su vida, Girard y su mujer Susan se dedicaron con pasión a coleccionar gran cantidad de piezas de arte folk, arte popular, juguetes, iconos y tejidos de todo el mundo que elegían por su belleza, humor y frescura. Toda la colección puede visitarse hoy en el Museo Internacional de Arte Folk en Santa Fe, Nuevo México.

Girard fue un artista de lo más polifacético. No sólo diseñó estampados textiles, tipografías, juguetes, muebles y objetos decorativos, vajillas, murales, etc. etc., sino que a mediados de los 60 le encargaron la nueva imagen de la compañía aérea Braniff, lo que le permitió trabajar con textiles, colores y gráficos a gran escala, rediseñándolo todo, desde los azucarillos hasta los mostradores de venta de billetes, pasando por los mismos aviones. También fue el responsable del diseño de La Fonda del Sol, un restaurante latino en Nueva York donde Girard dejó su impronta en los menús, las cajas de cerillas, la vajilla y las baldosas de cerámica que decoran las paredes y el suelo. Y éste no fue el único, pues le seguirían el restaurante francés L’Etoile, también en Nueva York, y el Compound, en Santa Fe, Nuevo México.

De toda su obra, la serie de figuras Wooden Dolls, diseñadas y fabricadas a mano por el propio Girard en 1963 para su casa en Santa Fe, está entre mis piezas favoritas. Elaboradas con madera de abeto maciza, son un elemento tanto decorativo como recreativo que en un principio Girard creó sólo para su uso y disfrute personal. Alegres unas, hurañas y malhumoradas otras, reflejan la filosofía de su creador: «Toys represent a microcosm of man’s world and dreams; they exhibit fantasy, imagination, humor and love.»

martes, 12 de enero de 2010

"Donde viven los monstruos" · Maurice Sendak

Hay cosas que en el mismo momento de su nacimiento se convierten en clásicos a pesar de que empiecen tropezando. Éste es un buen ejemplo, y me explico. Desde su primera publicación por Harper & Row en 1963, esta fascinante historia de Maurice Sendak sobre el viaje interior de un niño para dominar sus temores ha vendido la friolera de 19 millones de ejemplares en todo el mundo, pero su éxito no fue inminente. Estuvo prohibido en bibliotecas y escuelas y recibió críticas nefastas, pues no entendían que en un libro para niños aparecieran monstruos de manera tan explícita y sentimientos como la furia y el odio, presentes en todos los niños y escondidos hasta la fecha en los libros infantiles, que preferían retratar una infancia más idílica y ejemplar. Fueron las repetidas y constantes demandas de los niños las que ablandaron a críticos y pedagogos, que desde entonces no han hecho más que alabarlo (aunque en España siguen sin encontrarse muchos de sus libros…).

Estos días podemos disfrutar de la adaptación cinematográfica del libro (Spike Jonze, 2009), donde Sendak es uno de los productores y el guión ha contado con Dave Eggers, de McSweeney's (tomad nota porque esto va a ser una próxima entrada). ¿Pero sabíais que ya había un corto animado (Gene Deitch, 1973), un video juego, y hasta una ópera (Oliver Knussen, 1980)?

Maurice Sendak nació en Nueva York en 1928, el mismo día que Mickey Mouse, a quien admiraría de por vida. Hijo de emigrantes judíos polacos, de pequeño fabricaba sus propios libros con recortes de periódico, inspirado por los cuentos que su padre le contaba sobre las tradiciones judías. Donde viven los monstruos, La cocina de noche y Algo ahí fuera componen una trilogía donde el autor hace hondas reflexiones sobre el mundo sentimental y absolutamente profundo de los temores y deseos de los niños. Muchos siguen preguntándose si es apropiado que temas como la sexualidad, la supervivencia o la ira se traten en libros infantiles, a lo que Sendak suelta de un plumazo: «A los niños no hay que protegerles de la vida», y añade rotundo: «Creo que los niños entienden el significado profundo de todas las cosas. Somos los adultos los únicos que sólo nos quedamos en la superficie».

Donde viven los monstruos ha sido objeto de múltiples interpretaciones… Hay quien afirma que es el único álbum ilustrado con una profunda y bella reflexión psicoanalítica de la ira, o quien dice que el libro puede leerse desde un prisma freudiano, ¡y hasta colonialista! Yo no os voy a contar la historia, eso sería pura traición y totalmente inútil. Sí voy a compartir mi interpretación… El fondo humano y la sensatez de este libro son para mí las claves de su éxito. Todos tenemos un lado oscuro, y seamos honestos, cuando nos vestimos de lobos (en mi caso de loba, claro ;D), y le damos rienda suelta, es porque en el fondo sabemos que nos espera una cena caliente en la mesa. Y quienes no la esperan, se lanzan y se abandonan al vacío, quizás para no volver…

martes, 5 de enero de 2010

Sargadelos

Junto a la casa de mis padres hay una de las tiendas más bonitas de Barcelona, y siempre que paso por allí, al menos un domingo cada quince días, me detengo y dedico unos minutos a la más pura contemplación y exaltación de lo bello, sea lo que sea para cada uno.

Sargadelos es porcelana, y de la más preciosa. Caolín y cultura gallega han mostrado ser una combinación ganadora de la que surgen piezas bellísimas para vajillas, jarrones, figuras, joyería… Y todas ellas fabricadas, decoradas y rematadas a mano a partir de moldes exclusivos.

«Tierras gallegas elaboradas con ideas de nuestro tiempo» es el lema sobre el que descansan más de dos siglos de historia vinculados al desarrollo de la cultura gallega en todos los ámbitos de la creatividad. El culpable: Antonio Raimundo Ibáñez; el momento: 1806; el lugar: una fábrica de loza en la parroquia del ayuntamiento de Cervo (Lugo); la idea: convertir las arcillas gallegas en innovadoras lozas decoradas.
De los mismos altos hornos de los que salieron municiones, tuberías, cadenas, útiles de cocina y demás herramientas empleadas en la España del siglo XVIII, surgieron hermosas esculturas, fuentes públicas y balaústres decorativos que aún hoy se pueden reconocer en algunas ciudades gallegas. From rags to riches, diría yo. La empresa creció y creció alcanzando varios talleres con más de 25 tornos y produciendo 20.000 piezas anuales en 1830. En 1849 la fábrica alcanzó su época dorada, dando trabajo a más de 1.000 familias. Quién iba a imaginar que años más tarde, en 1975, cerraría momentáneamente debido a las enormes pérdidas causadas por pleitos familiares… From riches to rags.

Sargadelos dedica buena parte de sus recursos a la conservación y divulgación de la cultura gallega y a la promoción de los nuevos creadores. Y lo hace a través de sus 15 galerías repartidas por toda la península, su Escuela de las Artes Cerámicas, su Laboratorio Xeolóxico de Laxe, el Real Patronato de Sargadelos, y Ediciós do Castro, una editorial con más de 1.300 títulos en su catálogo.

Entre los últimos proyectos de Sargadelos destaco la colección de joyería (mi cumpleaños está cerca…), nacida al calor del siguiente poema de Ángel Valente:

El Signo

En este objeto breve
a que dio forma el hombre,
un cuenco de barro cocido al sol,
durante la duración de la materia anónima
se hace señal o signo,
la sucesión compacta frágil forma,
tiempo o supervivencia,
se extiende la mirada,
lentamente rodea la delgadez de la
invención,
lo que puso la mano en esta poca tierra
tosca y viva.

Aquí, en este objeto
en el que la pupila se demora y vuelve
y busca el eje de la proporción, reside
por un instante nuestro ser,
y desde allí otra vida dilata su verdad
y otra pupila y otro sueño encuentran
su más simple respuesta.