lunes, 22 de febrero de 2010

La ceremonia del té

Junichirō Tanizaki, en su maravilloso ensayo El elogio de la sombra, afirma que los verdaderos amantes del té, al oír el ruido del agua hirviendo, experimentan un arrebato de éxtasis. Ese mismo arrebato es el que debió sentir el emperador Saga cuando un monje budista chino llamado Eichū le preparó un extraño brebaje durante una excursión a Karasaki en el año 815. Las crónicas japonesas oficiales afirman que el emperador quedó tan encantado que al año siguiente mandó cultivar té en Japón, donde ganó popularidad rápidamente, y así hacer autóctona una bebida que en China ya se bebía desde hacía miles de años.

En el siglo XII se introdujo una nueva variedad de té, matcha, un té polvoriento extraído de la misma planta del té negro pero sin fermentar que se usaba en los monasterios budistas y que luego pasó a ser la bebida de los samurái. Fue entonces cuando se sentaron las bases de la ceremonia del té (cha-no-yu, chadō o sadō) y que se acabarían de perfilar en el siglo XVI gracias a Sen no Rikyū, quizás su más conocida y respetada figura histórica por ser quien introdujo el precioso concepto de ichi-go ichi-e o la creencia de que cada encuentro debe ser atesorado ya que no podrá volver a repetirse, y los atributos de armonía, respeto, pureza y tranquilidad que siguen siendo los pilares fundamentales de la ceremonia.

Una ceremonia del té completa o cha-ji puede llegar a durar cuatro horas, pues incluye una frugal comida (kaiseki), té ligero (usucha) y té espeso (koicha). Quien realiza la ceremonia debe estar familiarizado con la producción y los tipos de té además de otras disciplinas y artes tradicionales japonesas (kimono, caligrafía, ikebana, cerámica, incienso…) y por ello el estudio de las mismas conlleva muchos años, a menudo una vida completa. Los invitados también deben tener ciertos conocimientos de los gestos y posturas adecuados y la manera apropiada de tomar el té y los dulces. No es de extrañar que en Japón haya tantísimas escuelas donde se puede aprender esta ceremonia. En Barcelona, no os perdáis la que eventualmente ofrece Tetere.

La ceremonia del té puede celebrarse en un recinto exterior o en una sala diseñada específicamente para esa función. Por lo general deben ser espacios pequeños y todos sus elementos y la distribución deben respetar la estética wabi, caracterizada por su humildad, moderación, simplicidad, naturalidad, imperfección, y el amor por la belleza de la pátina que el paso del tiempo y el uso dejan en los materiales. De nuevo, el elogio de la sombra. La estacionalidad también es importante, pues según se celebre la ceremonia en los meses fríos o en los calurosos, se usarán unos utensilios u otros y variarán los gestos y los pasos a seguir, todos ellos pensados teniendo en cuenta las largas mangas (que cumplen la función de bolsillos) el apresto y el cinturón del kimono, prenda por excelencia en este ritual; la postura a mantener durante toda la ceremonia es la seiza, es decir, de rodillas sobre el tatami.

En fin, ya veis que esta ceremonia que se lleva practicando desde hace siglos va mucho más allá de dar pequeños sorbitos a una taza de té. Mirando atentamente y en silencio cada detalle y poniendo atención de cirujano en cada uno de los pasos a seguir, los invitados a una ceremonia del té japonesa aprenden a valorar la belleza en los gestos más cotidianos y experimentan la armonía a pequeña escala con una intensidad de naturaleza casi espiritual. Y es que a través de este ritual totalmente Zen, se busca sublimar la belleza de lo imperfecto, tranquilizar los sentimientos y darse cuenta de la importancia de las pequeñas cosas que forman parte de nuestra vida y que hacen que nos relajemos y nos sintamos mejor.
[Esta segunda imagen es una xilografía impresa por Yoshitoshi en el año 1887 que representa a Bodhidharma, monje de origen indio, vigésimo octavo patriarca del budismo y el primer patriarca legendario y fundador de la forma de budismo Zen o Chán.]

2 comentarios:

Lily dijo...

And what, I wonder, is the proper title for a tea party between 2 friends where the gossip and daydreams that are shared is just as important as the tea and scones? Oh how I miss our teaparties!

Supernova dijo...

Indeed darling... Those tea-hat-Paris parties for two (even the not so glamorous absinthe-pot ones...) are still there... Miss you!