sábado, 3 de abril de 2010

Tiffany

El título del post anuncia el pecado, y también al culpable: Louis Comfort Tiffany (1848-1933). El Art Nouveau no sería tal sin su colaboración. El imaginario femenino tampoco. Al menos el mío (y el de unas cuantas amigas...).

Vayamos por partes. Tiffany fue pintor, decorador de interiores, diseñador de ventanas y lámparas en vitral, mosaicos de vidrio, vidrio soplado, cerámica, joyería y trabajos en madera y metal. Pero de toda su producción, la que más notoriedad le dio fue su trabajo con vidrio de color, y durante los 50 años que trabajó en el medio, su empresa produjo miles de ventanas de edificios en toda América del Norte, para casas, bibliotecas, tiendas, teatros, y sobre todo, iglesias. Sí sí, iglesias. En la década de 1890, Tiffany desarrolló un método mediante el cual los diferentes colores se mezclaban en estado fundido, logrando un efecto sutil de captación de la luz que aplicó principalmente en las vidrieras. Pocos años más tarde fundó su propio horno de vidrio en Queens, Nueva York, y ahí aplicó esta técnica a la forma tridimensional, dando lugar a las conocidas lámparas Tiffany y a los vasos de vidrio soplado Favrile. En su momento cumbre la fábrica contó con más de 300 artesanos y estuvo en actividad hasta 1938.  

Todo su trabajo surge de una doble fascinación: la luz y la naturaleza. De ahí las vidrieras y la adaptación artística de la bombilla, de la que fue pionero. La primera vez que expuso sus obras en París fue en la galería de arte de Siegfried Bing en 1895, llamada “L’Art Nouveau”, cuna del movimiento artístico homónimo que se nutrió de las corrientes artísticas europeas de su tiempo, como el Art & Crafts de William Morris en Inglaterra, el Jugendstill alemán o el Modernismo español.

Tiffany decoró las casas de clientes tan influyentes como el magnate del azúcar Henry O. Havemeyer, el escritor Mark Twain o la Casa Blanca para el presidente de los Estados Unidos Chester Arthur. Pero desplegó todo su arte en los 84 cuartos de su propia casa, en Oyster Bay, Long Island, decorada con un marcado carácter teatral, poblada de plantas exóticas y pájaros disecados, y con un ambiente refinado y original. Según la compositora Alma Mahler, era «…las mil y una noches en Nueva York…».

Y volvemos al pecado… Después de la muerte de su padre en 1902, Tiffany se convirtió en vicepresidente y director artístico de Tiffany & Co. Su familiaridad con la fabricación de joyería de la firma, así como la colaboración con su padre en varias piezas para la Exposición Universal de París en 1900 fue, sin duda, lo que le inspiró para producir joyas en sus propios talleres. Pocos saben que los orígenes de Tiffany, fundada en 1837, poco tienen que ver con el glamour que la caracteriza hoy. Pues Tiffany, Young & Ellis (como se llamaba entonces) operaba en el Lower Manhattan como una empresa dedicada a la papelería y los objetos de regalo. Fue años más tarde, en 1853, cuando se rebautizó tal y como la conocemos hoy y cambió la dirección del negocio hacia la joyería. Desde entonces, Tiffany & Co. ha extendido su azul característico (y patentado) por doquier, pues cuenta con 64 tiendas en los Estados Unidos y 103 en el resto del mundo. Y todas ellas hacen honor a lo que pregonan: El color de los sueños es azul.

Su tienda insignia está en Nueva York (5ª  Av. con la calle 57). He ido muchas veces y voy directa a los ascensores del fondo, a la cuarta planta, donde siempre encuentro el regalo de plata perfecto para alguien querido. Y me encantan esos 20 minutos que dedican a envolverlo. Que si la bolsita de terciopelo azul, dentro de la cajita azul, que a su vez va dentro de la bolsa azul decorada con el lazo… ¡no!, blanco. Luego bajo de nuevo, para pasear y seguir soñando en azul, sintiéndome un poco Audrey.

Sin duda, el glamour es un estado de ánimo.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca hubiera adivinado la verdadera cuna de Tiffany. Sólo estuve una vez, y quizás, por ese motivo, el recuerdo es el de un espacio único y mágico. Por ahora, tengo una tortuga de plata a modo de llavero, lo próximo espero que ya sea un bonito diamante…..

Supernova dijo...

Un llavero con una tortuga de plata... Sounds very familiar! ;DD

Por cierto, confirmada la apertura de la tienda Tiffany en Barcelona a finales de este año, 370 m2 en el hotel Mandarin. Ay!!!

emeshing dijo...

Srtas,
Tendremos que banear el acceso a Tiffany.... qué ruina!
jeje

Emeshing.com