domingo, 9 de mayo de 2010

Theo Jansen

«Las barreras entre el arte y la ingeniería existen sólo en nuestra mente», dice Theo Jansen en un anuncio para BMW. No está mal la frasecita para empezar un post, ¿verdad? Y tened en cuenta que quien afirma esto, lleva unos veinte años construyendo grandes figuras que imitan esqueletos de animales capaces de caminar usando la fuerza del viento de las playas holandesas.

Sí, Theo Jansen es holandés y allí vive y trabaja. Estudió física en la Universidad de Delft, pero abandonó estos estudios para dedicarse a la pintura. Y aunque ya en 1981 desarrolló una máquina de pintar, no fue hasta 1990 cuando presentó su Develops Animari (animales de playa) y desde entonces se ha dedicado a diseñar una «nueva naturaleza», a crear vida artificial mediante el uso de algoritmos genéticos, programas que poseen evolución dentro de su código y que se pueden modificar para solucionar variedad de problemas incluyendo diseños de circuitos y sistemas muy complejos. A mí también me cuesta entenderlo… ¿Y sabéis de qué están hechas estas esculturas vivientes? Jansen no usa polen ni semillas, sino los mismos tubos amarillos de plástico que se usan para los conductos eléctricos.

Estas «criaturas» son estructuras tan orgánicas que desde la distancia parecen insectos gigantes o esqueletos de animales prehistóricos. Se desplazan sin motores y no disponen de sensores de última tecnología, simplemente, se basan en la abundante energía eólica de las playas y en un minucioso estudio de las estructuras cinemáticas y evolutivas. Tras el «parto», Jansen suelta la escultura en la playa, evalúa sus logros y los mejora. Y a largo plazo, quiere dejar libres estas «strandbeest» (bestias de la playa) para que vivan sus propias vidas, evolucionando sin necesidad de su intervención y sin lógica aparente. Una especie de deus ex machina, podríamos decir. Cuando ves por primera vez una de sus creaciones en movimiento, entiendes que se trata del trabajo de un ingeniero, de un diseñador y de un artista. Algo excepcional. Al principio, las limitaciones del material le forzaron a buscar soluciones fuera de toda lógica y obviedad, siguiendo las estrategias opuestas que hubiera seguido un ingeniero puro. El diseño de estas estructuras se basa en estudios de robótica que Jansen desarrolló en los 80 con ayuda de los primeros ordenadores personales. Y en cuanto al método de trabajo, siguió el método del artista, exento de toda dirección, para llegar a sitios donde nadie ha estado jamás.

La perseverancia y la motivación de Jansen son inagotables y cada nueva especie posee nuevas habilidades que son testadas y mejoradas. Jansen ha decidido que su medio natural sea la playa, por tanto, las máquinas que deseen prosperar en este entorno tendrán que lidiar entre las carreras de marea, las dunas y las tormentas. «Animaris Percipiere» clava un apéndice en la arena para anclarse si detecta que el viento es demasiado fuerte para permanecer en pie. «Animaris Rhinozero» es un gigante de dos toneladas de peso que se desplaza con facilidad y elegancia y que es capaz de transportar a varias personas en su interior. «Animaris Ventosa» es capaz de almacenar viento mediante una serie de pistones accionados por velas que insertan aire a presión en botellas de plástico, lo que le permite disponer de la energía eólica almacenada en esos días en los que no corre una brizna de aire.

Como el propio Jansen indica, «la rueda no es una buena solución en la arena suelta», así que 5.000 mil años después de su invención, Theo Jansen la reinventa y la mejora. Casi nada. Resulta asombroso pensar que su trabajo estuvo en la sombra durante diez años y que ha sido descubierto recientemente a nivel mundial. En la actualidad, viaja por el mundo compartiendo su obra, como en las conferencias TED o en el festival Ars Futura. Además, se está rodando un documental sobre su obra del que podéis seguir su evolución aquí.

No hay comentarios: