domingo, 20 de junio de 2010

Sharing to Learn

Este blog habla de cosas bonitas. De cosas, personas, lugares, proyectos, tradiciones, que hacen de nuestro mundo un lugar mejor. Pero lo que voy a tratar hoy va mucho más allá, pues no hay nada más importante, verdadero y profundo que la entrega desinteresada, el empeño en cambiar las cosas, el convencimiento de que, como afirma Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido, una sola persona puede marcar la diferencia ejerciendo la libertad última de todo ser humano, elegir su actitud vital ante cualquier circunstancia.    

Y esto es lo que hace mi amiga Denise. La conocí en el año 2000 en clase de francés en l’Escola Oficial d’Idiomes de Barcelona. Desde el primer día nos hicimos amigas y hemos mantenido la amistad desde entonces, con la intensidad que la distancia buenamente nos permite. Apasionada de la fotografía y los viajes, es maestra y psicóloga infantil y a lo largo de más de once años de experiencia ha enseñado en escuelas de España, Ecuador, Chile, Marruecos, Brasil, Sudáfrica y últimamente en Nueva York, su América natal. A Denise hay una cosa que la apasiona por encima de todo: los niños, «my little angels» como los llama ella, y su amor por ellos la ha llevado a crear, de la nada, la ONG Sharing to Learn, convencida de que sólo a través de una sólida educación damos a los niños las herramientas más potentes para que en el futuro puedan luchar contra la pobreza y el hambre.

Un día cualquiera hace dos años ya, un programa de voluntariado la llevó a un pequeño poblado en Sudáfrica llamado Makuleke, y su vida cambió para siempre. Se enamoró instantáneamente de la gente del poblado, de su sencilla y profunda forma de vivir y de amar su entorno, y decidió compartir ese amor con el resto del mundo y romper la cadena de pobreza fortaleciendo a los más pequeños a través de la educación. ¿Y cómo? Pues construyendo una biblioteca, llenándola de libros, materiales didácticos, juguetes y reuniendo allí cada día a todos los niños, para que se rían, compartan, aprendan, jueguen y sean más felices. Denise lo documenta todo en su blog http://deniseortiz.tumblr.com/ a través de fotos y vídeos. Os recomiendo que lo peinéis y lo miréis de cabo a rabo pues estos pequeños retales de vida a miles de kilómetros de aquí son una preciosidad que te sacuden y te despiertan del letargo en el que caemos tan a menudo. Dejadme que aquí os recomiende sólo un par de ejemplos, como esta foto en la que aparece esta niña con su primer par de zapatos, o éste vídeo en el que un grupo de niños de 1 a 5 años recibe sus primeros juguetes.

En la base de Sharing to Learn está la filosofía Ubuntu, un principio ético tradicional en África cuya palabra proviene del zulú y significa que una persona es tal gracias a la existencia de otras. En palabras del Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu: «Ubuntu es la esencia del ser humano. Se basa en el hecho de que mi condición humana está inextricablemente arraigada en la tuya. (…) Una persona con Ubuntu es abierta, hospitalaria, cálida y generosa, siempre dispuesta a compartir.» Denise así lo entiende y lo demuestra con su ejemplo. Sólo hay una manera de vivir, y es a conciencia, creyendo en un mundo donde las personas se funden en una y comparten. Todos somos uno y la misma cosa.

Sharing to Learn opera mediante programas de intercambio culturales. Denise viaja constantemente de Nueva York a Makuleke, y en cada uno de sus viajes lleva las maletas repletas de material gráfico, trabajos, dibujos, artesanía de uno y otro lugar. Del Norte al Sur, del Sur al Norte. Sus pequeños alumnos en Nueva York aprenden de otras culturas, de otras formas de vida, de otras suertes, y despiertan sus conciencias. Así hace también con los niños de Makuleke, les despierta del letargo y les da herramientas para un futuro mejor. Denise cuenta ya con un equipo formado por cuatro voluntarios: Attorney Hlongwane, Elmon Chauke, Benes Makuleke y Mildred Chauke. Como ellos, yo también quiero sumarme a este proyecto y este post es mi primer paso adelante. Os animo a que caminéis conmigo y colaboréis a través de cualquiera de estas vías. Las distancias son muy relativas… Y lo más importante, recordemos que todos somos uno y la misma cosa.

miércoles, 2 de junio de 2010

Bruno Munari

Éste es un post ambicioso. Diseñador gráfico, ilustrador, editor, arquitecto, escritor, poeta, pedagogo, teórico, futurista en los años 20 y surrealista en los 30, editor, escritor, inventor… Hay personas que son un mundo entero y si vivieran 100 años, harían 100 maravillas. Bruno Munari es una. Se apeó en los 98, pero su legado es inmenso y éste es mi pequeño homenaje. Glups.

Como él mismo describió su nacimiento, de repente una mañana de 1907 se encontró desnudo en medio de las calles de Milán. De padre camarero y de madre costurera, su familia se mudó a una casa de campo en Badia Polesine. Allí Bruno hizo muchos amigos, la rana Romilda, el gato Meo, las Caperucitas de todos los colores… Pero pronto el mundo se le quedó pequeño y regresó a Milán en 1926 para trabajar con su tío ingeniero y sumergirse en la tendencia futurista del momento. Un año más tarde y junto a su amigo Aligi Sassu (por entonces sólo tenía 15 años) creó el Manifesto «Dinamismo y pintura muscular» siempre soñando un mundo mecánico, animal y vegetal nuevo y mejor, y mostrando su trabajo en muchas exposiciones. A partir de ese momento en adelante, trabajó sobre todo como diseñador gráfico para la prensa, para editoriales como Mondadori y para revistas como Tempo, al tiempo que escribía libros para niños.

Pero claro, no eran los clásicos libros ilustrados… Eran y son libros que utilizan los recursos artísticos de las vanguardias y de la fotografía para hablar a los pequeños. Se abren ventanas, se reducen las páginas, entramos y salimos de los cajones del Il prestigiatore verde… Desde el comienzo de su carrera como artista luchó contra quien le acusaba de ser infantil, rechazando con fuerza a todos aquellos que se tomaban el arte demasiado en serio. «Entender qué es el arte es una preocupación (inútil) del adulto. Entender cómo se hace para realizarlo es, en cambio, un interés auténtico del niño.» Munari fue siempre un niño, absorbiendo todo lo que podía, sin rechazar ninguna posibilidad lingüística o imaginativa con el objetivo de alcanzar la ironía, la comunicación, el desarrollo y la investigación de la percepción como fenómeno complejo.

En 1948 fundó junto a otros el Movimiento Arte Concreta (MAC), cuya aportación fundamental fue el libro Cómo nacen los objetos, donde Munari plantea una metodología para el diseño (visual, gráfico, industrial y arquitectónico) que sigue vigente a día de hoy, 62 años después. Básicamente, Munari afirma que «el método proyectual consiste simplemente en una serie de operaciones necesarias, dispuestas en un orden lógico dictado por la experiencia. Su finalidad es la de conseguir un máximo resultado con el mínimo esfuerzo.» En definitiva, diseñar una marca, una página web, una revista o cocinar una receta, requiere un mismo proceso. (En este punto recomiendo pausa y reflexión).

En esa época creó los Libros ilegibles (Libri illeggibili), curioso nombre que define libros de arte realizados con papeles de diferentes tipos, colores, formas, recortados, agujereados, con hilos que los atraviesan, que forman nudos en la página, que crean formas Aquí está la auténtica esencia del trabajo de Munari, la investigación sobre qué es la lectura: «Los libros para grandes son como los libros para niños, están basados en el descubrimiento». Así nace en 1956 una de las obras maestra de literatura infantil: En la noche oscura (Nella notte buia), protagonizado por un gato, un punto amarillo y unos papeles transparentes como el agua, que forman un río subterráneo del que emergen peces verdes. Cada página aporta algo nuevo e inesperado, porque «el conocimiento es como una sorpresa: si uno ve lo que ya sabe, no hay sorpresa». En los 80 Munari creó los Prelibros (Prelibri), libritos en formato pequeño para niños y grandes que afirman, otra vez, que no se leen sólo las palabras escritas. Lo mismo sucede en La fábula de las fábulas (La favola delle favole), que es un álbum de cartas coloristas, donde los niños pueden hacer lo que quieran y que, como dice la portada, «no existen dos copias iguales de este libro, realizado por Bruno Munari y… los niños».

Munari hizo de todo, y bien. Con su legado enseña a generaciones de niños de todo el mundo que leer es una actividad compleja, que se hace con los ojos, las manos, la nariz, la razón y, sobre todo, con la fantasía. Dedicó su vida a la búsqueda de un verdadero método de conocimiento aplicable a todos los campos y sus reflexiones han influenciado la historia del diseño industrial, de la gráfica y de la pintura, de la pedagogía y de la museología. Se fue dejando atrás un mundo mucho mejor del que se encontró al nacer desnudo en las calles de Milán. Pagó su deuda con creces… y con este modesto homenaje, yo espero haber reducido un poquitito la mía con él.