viernes, 30 de julio de 2010

Campari

Hay bebidas y hay Campari. Fan incondicional desde el primer trago hace años y gracias a un italiano (oh Alessandro, te adoro), la amargura del Campari no es para cualquiera. Para mí, sin duda.
Campari además es fruto de una auténtica pasión italiana, con una historia detrás que quita el hipo y es perfecta para una película dirigida por Tom Ford. Situémonos. En 1860, el joven Gaspare Campari, maestro licorista, inventó un nuevo licor, Rosa Campari, una infusión de hierbas, plantas aromáticas y frutas maceradas en alcohol y agua, que pronto se convirtió en la bebida favorita de la élite turinesa. Siguió inventando nuevas bebidas, todas amargas y digestivas, hasta que un buen día, por un porque sí, hace una cata antes de almorzar y no después. Ahí nace Campari, tal y como lo conocemos hoy, y una nueva costumbre popular y maravillosa, el aperitivo.
Una terrible tragedia en la que pierde a su mujer y sus dos hijos le lleva a Milán, donde se casa en segundas nupcias y abre el refinado Café Pasticceria Campari en 1867. Hasta aquí el drama. ¿Y la pasión? Veréis... Para la primera campaña de publicidad de la marca, el joven artista Davide hace un retrato de Lina Cavalieri, una cantante de ópera de la que se enamora perdidamente. Lina está de gira mundial y Davide, embrujado, la persigue por toda Europa. El amor le lleva a Paris, y allí convence a Gaspare para abrir el primer depósito de exportación. Pero Lina acaba su gira y se marcha a Moscú, donde se casa con el príncipe Soasa Bariatinskij. Nuestro pobre artista la persigue de nuevo con la excusa de abrir allí la segunda área de exportación. Tras un año de matrimonio, Lina se divorcia y embarca rumbo a Nueva York, donde compartirá cartel con el Gran Caruso y vivirá un segundo matrimonio de tan sólo siete días con un multimillonario, claro. Y claro también, Campari ya tiene otra base de operaciones en Estados Unidos… ¿Hace falta que siga?
Campari es una bebida alcohólica de grado medio, de un precioso color rojo y de sabor amargo. Realizada a partir de extracto de alcachofa, su sabor es fruto de la combinación de hasta 60 ingredientes distintos: hierbas, especias, ralladuras de frutas y cortezas (quinina, ruibarbo, naranja amarga y toronja). Según el mito, el color rojo lo obtenían del caparazón de tortuga, aunque hoy día sabemos que procede de la cochinilla (suspiro de alivio).
Campari fue marca pionera en unir publicidad y arte en sus carteles. A lo largo de sus 150 años de historia, numerosos artistas han contribuido en sus campañas, y la colección ha alcanzado tal envergadura, que la sede de Milán cuenta con galería propia. Como ejemplos destaca el famoso cartel rojo de Dudovich, con dos amantes que se besan apasionadamente, precursor del concepto de red passion presente en los anuncios actuales; Leonetto Capiello y su personaje Spiritello, el famoso duendecillo envuelto en una piel de naranja; los carteles futuristas de Depero… incluso Bruno Munari diseñó la «Declinación gráfica del nombre Campari», cartel que conmemoró la inauguración de la primera línea de metro de Milán. A finales de los noventa, el director italiano Tarsem filmó «El rasguño», una joya de la publicidad con los primeros tintes lésbicos de la televisión italiana. 
Atrévete a cruzar la línea roja, saborea el joie de vivre y prueba ya la que va a ser tu bebida favorita durante el resto de los veranos de tu vida.

9 comentarios:

Mirándola dijo...

Hace mucho que adoro el Campari y, aunque sé prepararlo según me enseñó mi tío (Torinés, como gran parte de mi familia), no tenía ni idea de su increíble historia.

Mucha gracias.

He conocido hoy tu blog y es una maravilla, así que hasta pronto.

Supernova dijo...

Mirándola, muchas gracias por tus palabras. ¡Qué ilusión! Por cierto, me encantaría que compartieras la forma como preparas tus Camparis, me he quedado con la intriga y ¡ten por seguro que la probaré!
Un abrazo.

Manuel dijo...

Hoy me toca a mí descubrir tu blog, felicidades ¡¡ me ha gustado leer el artículo, sigo leyendo ¡¡ ( lo descubrí por casualidad por el FB a través de amigos comunes, con tu permiso lo comparto )
Saludos ;-)

Supernova dijo...

Hola Manuel, gracias! Espero que te siga gustando, y claro, por supuesto que me encantará que lo compartas. Hay much@s Supernovas suelt@s por ahí...

Mirándola dijo...

Mi tío preparaba el campari poniéndolo en una coctelera con dos o tres cubitos de hielo grandes.
Lo agitaba mucho. Pero mucho, mucho, mucho. Eso hacía que se enfriara y que espumara ligeramente. Cambiaba la textura.
Luego lo servía en una copa on the rocks, le añadía una rodaja de naranja y un chorro de sifón. Yo diría que era más o menos 60% campari, 40% soda.
Me tomaría uno ahora mismo, pero no tengo, así que me aguanto.

Probaré tu receta con pomelo. Mañana by night!

Manuel dijo...

De nada es un placer compartirlo y más leer lo que has escrito , sí, me gusta ¡¡
Por cierto no sé si esta noche, o mañana, pero probare también esa receta con pomelo ¡¡ me lo apunto ¡¡

Manuel dijo...

Probado ya ¡¡ y hay que reconocer que buenisimo estaba, bueno está, je, je, saludos :-)

Supernova dijo...

¡Estupendo Manuel! Feliz de que te guste. Espero que a Mirándola también...

MANUEL dijo...

de nuevo ojeaba un momento por aqui y vi el comentario, si, si, una gran acierto el mí "perderme" por aqui y aprender ésto, je.....ayer tambien lo probé, y se nota :-(