sábado, 14 de agosto de 2010

Monoï de Tahití

He aquí un producto estrella, indispensable en mis días de verano y según leo indispensable también para generaciones de mujeres polinesias.

Hace siglos, los Maoríes decidieron unir, mediante la técnica francesa del enfleurage, la flor de tiaré y los cocoteros, los dos productos más representativos de la Polinesia, para crear el monoï, el aceite de coco refinado y multiusos. Lo usaban como cosmético, para masajes, como remedio para picaduras y dolores de cabeza, para purificar objetos sagrados y ofrendas… Con el monoï untaban a sus recién nacidos para protegerles de la deshidratación y de las picaduras de mosquito, y así despedían a sus muertos, embalsamándoles también con monoï para que se llevaran al otro mundo el olor de su hogar y de su familia.
 
Reúne las tres Bs y huele  i n c r e í b l e m e n t e  bien. Su consistencia oleaginosa se absorbe en seguida, y te hidrata la piel y el pelo y los protege del Sol gracias a sus filtros UVA+UVB. También es un excelente aceite de masaje o para el baño, y un acondicionador capilar. Y en la playa, bajo el Sol ardiente y delante del mar, te untas y le untas, y su aroma hace que te sientas toda una vahiné en Tahití, rodeada de palmeras y conchas, como en un cuadro de Gauguin.