lunes, 3 de enero de 2011

Lego

Hay cosas que nunca pasan de moda. Hay juegos con los que jugábamos de niño y con los que, primaveras después, jugamos de adulto con nuestros hijos (aunque te dejes la manicura hecha un asco). De hijos a padres. Hay juegos que te procuran horas y horas de diversión sin que haya detrás ninguna sofisticación (o sí); simples piezas de colores (o bloques de plástico interconectables, tal y como reza Wikipedia) que se unen unas a otras para formar lo que quieras, desde un dinosaurio-rinoceronte-robotizado como hizo mi sobrino Nacho la otra tarde, a la mínima expresión de un geranio como hizo una mañana de sábado mi hijo Raimon o los conejos azules que mi hija Rita va dejando por toda la casa (y ojo, no le lleves la contraria, que esas columnas son conejos, hombre). Combinaciones infinitas… Imagínate si te digo que con seis «ladrillos» de 8 del mismo color puedes hacer más de 900 millones de combinaciones diferentes. O que gracias a LEGO DesignbyME puedes «legolizar» cualquier cosa. Mira esta agencia de comunicación y su nueva «legomesa» de reuniones… Un mundo de posibilidades.

El nombre «Lego» tiene su origen en la palabra danesa «leg godt», que significa «juega bien», lo que hace honor al corazón de la marca y lo que inspira todo su universo, fundado en 1932 por Ole Kirk Kristiansen en su modesto taller de carpintero. Hasta entonces y desde 1918 Ole se ganaba la vida construyendo casas y muebles para los granjeros de la zona. Cuando su taller se quemó, convirtió la desgracia en oportunidad ampliando el taller y el negocio, y en un esfuerzo por reducir los costes de producción, decidió hacer miniaturas de madera de los muebles para mostrarlos a los clientes antes de producirlos. Sus escaleras en miniatura y las tablas de planchar fueron las que le inspiraron a producir juguetes, que hasta 1949 fueron exclusivamente de madera. Lego tal y como lo conocemos hoy día nació con la misión de inspirar y desarrollar la creatividad de los niños ejercitando su comprensión espacial, y con un mensaje de trasfondo claro: uniendo piezas a destajo y siguiendo tu imaginación puedes hacer lo que quieras, ergo, tu futuro está en tus manos y será lo que tú quieres que sea.

El primer juguete de plástico y modular producido por Lego fue un camión que podía ser desarmado y reensamblado después. Una y otra vez, otra vez y una, había nacido el juguete infinito. Y curioso que otro incendio en 1960 convirtiera en cenizas los prototipos de los juguetes de madera, pues eso provocó que Lego se entregara en cuerpo y alma al plástico, aumentando las ventas y el éxito estratosféricamente por siempre jamás. Y de padres a hijos, de nuevo, la que hoy es la quinta productora mundial de juguetes (con 8.000 trabajadores y vendiéndose en más de 130 países), es propiedad del nieto de Ole, Kjeld Kirk Kristiansen.

Originalmente, las piezas de Lego eran de acetato de celulosa, pero en 1963 pasaron a ser de plástico ABS, mucho más estable, resistente al calor, a los ácidos, sales y otros químicos, y no es tóxico. Los colores más comunes eran el rojo, el amarillo, el azul, el blanco, el negro y el gris claro (durante años se evitó el verde ante el temor de que se construyera parafernalia militar). Piezas Lego de hace más de 40 años están igualitas y son perfectamente interconectables con las fabricadas en la actualidad, y piezas sofisticadas con motores y engranajes de la serie avanzada Technic encajan perfectamente con las piezas de la serie Duplo para niños de 3 años. Eso se explica porque el diseño y la fabricación de los ladrillos Lego son todo menos sencillos, pues en realidad detrás hay una gran labor de ingeniería y precisión que a Lego le cuesta decenas de miles de dólares. El alto grado de calidad se debe en parte a la pequeña capacidad de los moldes de inyección, equipados además con sensores que detectan fluctuaciones de presión y temperatura, y también a los inspectores humanos, que verifican las piezas una a una. Según la compañía, sus procesos de moldeado son tan precisos que apenas 18 de cada millón de piezas producidas caen por debajo de sus estándares de calidad.

La fascinación por Lego no tiene edad. No os perdáis las composiciones de Alex Eylar que podéis ver aquí y en este reciente artículo en The New York Times, las de Christoph Niemann legolizando Nueva York, las de Sean Kenney, las de Nathan Sawaya en The Art of the Brick o las animaciones de Treehouse Animation o Oblong Pictures. Y miles de blogs y foros y webs y de todo. En una época de videojuegos y consolas, Lego ha duplicado sus ventas en los últimos años, tiene varios parques temáticos o Legolands y ha sido nombrado en dos ocasiones «juguete del siglo», con una producción anual de 20.000 millones de piezas al año, más o menos 2,3 millones por hora. Oh. Con su sede central en Billund, Dinamarca, encuentras Lego en más de 130 países, como un pulpo multicolor está presente en todas partes... Al menos hasta en los rincones más arrinconados de mi casa, donde siempre aparece alguna pieza que se me clava en el pie y me arranca una sonrisa (o no).