domingo, 16 de noviembre de 2014

"Father And Son" · Cat Stevens

Esta es la historia de una canción. Una canción bellísima que habla de un desacuerdo generacional por el que todos hemos pasado (o no). Hablo de Father And Son, escrita por Cat Stevens e incluida en su álbum "Tea for the Tillerman" publicado en 1970.

La canción, de melodía suave y acústica, es un diálogo entre un padre y su hijo (fíjate en cómo el cantante usa dos tonos de voz, uno grave y otro agudo, respectivamente.) En ella, el padre explica al hijo lo que significa crecer, qué representa madurar, relativizar, el "take it easy" y el "mírame, soy viejo pero soy feliz". Y puedo imaginarme la cara del hijo, diciendo sí ya, pero no.

Originariamente, esta canción formaba parte de un proyecto musical llamado Revolussia (no hay que ser muy sagaz para saber de qué trataba...) En él, un chico quiere unirse a la revolución, ir al campo de batalla en contra de la voluntad del padre ("I have to go away"...). Este proyecto nunca vio la luz y la canción tomó un nuevo rumbo, sobre todo porque el público la pedía a gritos en sus actuaciones. Un año más tarde, Stevens decidió incluirla en la cara B del single Moonshadow.

En 1978, después de una experiencia cercana a la muerte por culpa de la tuberculosis y la mala vida, Stevens se convirtió al islam y abandonó la música (¿por qué, por qué, por qué?). Se cambió el nombre por el de Yusuf Islam y prohibió que sus canciones salieran en anuncios de la tele. No fue hasta el año 2007 en el que pudimos ver de nuevo a Stevens interpretando esta canción para el disco "Yusuf's Cafe Sessions" junto con una banda de acústicos. En el vídeo se ven unos primeros planos de su mujer y de su hija con su nieta en brazos. 

Padres e hijos es un viejo tema (también una novela de Iván Turguénev publicada en 1862). Uno sufre por los errores que comete como padre, pero he aprendido una cosa: los errores propios de no saber ser padres, son parte constituyente de una educación sana. ¿No crees?


domingo, 6 de abril de 2014

Gilgames, Rey de Uruk · Anónimo (s. XII a.n.e.)

Qué terrible ser un hombre normal y no querer reconocerlo. Qué desastrosas pueden ser las consecuencias de quien no acepta sus propias limitaciones... Aunque también hay que reconocer la grandeza y la osadía de quien lucha contra su propia naturaleza para alcanzar su no-destino. Gilgames, Rey de Uruk, es un gran ejemplo, y quizás también, el primero de todos en la tradición literaria occidental.

Gilgames es un hombre normal. Aunque "dos tercios Dios, un tercio hombre", y aunque rey de Uruk, es mortal. Y cuando ve la muerte en los ojos de su amado amigo Enkidu, se da cuenta de que su sed insaciable, la respuesta a todas sus preguntas, es escapar a la muerte. Por eso decide emprender un largo y peligroso viaje, huyendo de esa muerte y buscando la receta de la vida inmortal. Gilgames atraviesa unos escarpados montes guardados por hombres-escorpión, sigue la ruta nocturna del sol y cruza el mar de la Muerte, pero todo es inútil. Al final, todo vuelve alguna vez a su punto de partida: Uruk.

A Gilgames sólo le queda lo que antes ya tenía: su propia historia. Es sólo lo que ya era antes: un hombre normal enfrentado a su muerte. Enriquecido, eso sí, por la certeza de la inutilidad de su empresa; ésta es la gran enseñanza, la sabiduría de las cicatrices. Su destino no es más que el destino de todo hombre: hacer bien las cosas, protegerlas, pasárselo en grande, y luego morir. [Y aceptar que el hombre individuo es mortal y que lo único inmortal es la humanidad. Por contra, la humanidad es mediocre y la genialidad radica en lo particular. Viva lo mortal, viva la diferencia, el poder del matiz.]